XIV DOMINGO ORDINARIO

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MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN

Por nuestro Párroco Padre Carmelo Jiménez

Las lecturas para la Misa de este domingo nos invitan a reflexionar sobre la humildad. La humildad es la reina de las virtudes, porque la humildad inclina nuestro corazón hacia la verdad y la gracia. Podemos conocer la profundidad de la verdad sólo con corazones humildes. El conocimiento intelectual viene de los libros, pero la gracia y la verdad vienen de Dios. Al igual que el orgullo es la raíz de todo pecado y de todo mal. El orgullo es mirando a lo que cada persona puede hacer por sí mismo. La humildad es el reconocimiento de lo que cada persona puede y no puede hacer por sí mismo y la necesidad de la gracia y la fuerza que viene de Dios. En el Evangelio de hoy, Jesús dice: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños”.

El Evangelio continua diciendo: “Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas”. ¿Qué es un yugo? Los yugos son una madera que tiene canales a la medida para adaptarse bien sobre la cabeza de los bueyes y poder tirar de la carreta. Mi padre solía domar caballos, mulas y bueyes. Yo estuve con mi padre en muchos de esos momentos. El primer paso para domar un buey era atarlo detrás de la carreta para que así aprendiera a seguir, en palabras de mi padre: para que cabrestee. El segundo paso era poner el yugo sobre dos bueyes, hacer la yunta, uno de ellos era muy manso y el otro era el que iban a amansar. El buey manso soportaba literalmente los errores del otro buey: caídas, querer irse a otra parte o no querer caminar. Pero el buey manso siempre tenía que ser fuerte y experimentado para aguantar. El tercer y último paso era poner la carreta sobre la yunta de bueyes.

“Lleven mi yugo sobre ustedes”, dice Jesús. ¿Cuál es el yugo al que Jesús se refiere en el Evangelio? El yugo de la ley, el yugo de los mandamientos, el yugo del reino, el yugo de Dios, el yugo del amor entre sí. Así la imagen de un yugo expresa sumisión a Dios, con un corazón manso y humilde, como Jesús. Jesús es el buey manso que nos apoya y nos soporta a pesar de nuestros errores y no encontraremos reposo más que sólo en él. El mundo de hoy nos propone libertinaje, orgullo, no dejarse de nadie, no someterse ante nadie. Pero Cristo siempre nos repite: “aprendan de mí que soy manso y humilde corazón”.

¿Cuántas veces nos hemos preguntado acerca de Dios y la vida eterna? Nadie ha vuelto del otro mundo y nos ha dicho cómo es allá. Si Dios es un misterio, ¿cómo lo voy a conocer? El Evangelio nos da la respuesta: “Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.” De esta manera, no es necesario que una persona resucite de entre los muertos y nos diga lo que pasa después de la muerte, ya que con un corazón humilde podemos conocer a Dios Padre y Dios Hijo. Cuando nos acercamos a Dios de rodillas, el misterio de Dios se nos revela y se nos da a conocer El mismo más y más. La sabiduría y el conocimiento provienen de Dios. La humildad y mansedumbre nos hacen más grandes ante Dios y ante los hombres. El profeta Zacarías dice respecto a Jesús: “mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica”. Promesa que se cumple el Domingo de Ramos. Y tiene cabal cumplimiento para Cristo el día de la Ascensión de Cristo, porque va al Eterno Padre para tomar su gloria que había dejado, y se sienta en el trono como Rey de todo el Universo.

Oremos constantemente “Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo”. Porque “si viven según la carne, van a la muerte; pero si con el Espíritu dan muerte a las obras del cuerpo, vivirán” (segunda lectura). Que Dios nos dé el espíritu de vida y la humildad para conocerlo mejor y así seguir a Jesús siempre. Amén.

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