TESTIGOS DE ESPERANZA

I DOMINGO DE ADVIENTO

TESTIGOS DE ESPERANZA

Por nuestro Párroco, P. Carmelo Jiménez

Este primer domingo de Adviento, es el comienzo de un nuevo año litúrgico. Por eso es bueno preguntarse de que nuevas posibilidades nos trae, es una nueva oportunidad para volver a la casa del Padre. Es la ocasión de detenerse y ver hacia el futuro, un tiempo para repasar lo ya vivido y preguntarnos ¿Todo va bien? ¿Qué me dice mi corazón? ¿Qué me dice mi razón? ¿Qué me enseñan mis actos? Un tiempo para cada uno de nosotros y Dios, donde no podemos tener dobleces ni doble cara, porque no te mentiras a ti mismo. También tendremos que cuestionarnos acerca de las relaciones: ¿con los demás, con Dios, conmigo mismo?

Adviento es tiempo de una actitud de adoración y de contemplación ante la Palabra de Dios.  Que la celebremos una vez más como un niño que despierta nuestro corazón, nuestra ternura y se nos da para ser acogido. Un tiempo de contemplación piadosa y espera alegre, de quien es la vida verdadera y de quien trae vida.

La primera lectura basada en el profeta Isaías, tiene como contexto las dificultades del reino de Judá, incluyendo la invasión sobre Judá e Israel. Ante esta situación el profeta anuncia una esperanza: “Acudirán pueblos numerosos, que dirán: ‘Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob’” (Is 2: 3a). El profeta-poeta dirige la mirada a un futuro glorioso del reino. En momentos difíciles se hace más urgente reanimar la esperanza y el compromiso ético. La imagen de Jerusalén en la cima de los montes invita a creer en la seguridad y firmeza del proyecto de Dios sobre su pueblo y sobre el mundo. La esperanza cristiana tiene algunos rasgos específicos: que mira siempre hacia un bien, un bien futuro, es difícil de alcanzar, pero no imposible porque se apoya en el poder de Dios. Este acontecimiento subraya el último aspecto de nuestra esperanza: nunca fallará. Popularmente se dice: ¡la esperanza se pierde al último! El profeta anima a su pueblo: “¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor” (Is 2:5).

El evangelio por su parte quiere hacer memoria histórica para luego invitar a la esperanza. “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre” (Mt 24: 37). El centro es la esperanza en un fin glorioso que Dios tiene preparado para los hombres y que se realizará a pesar de todas las oposiciones, persecuciones y dificultades de la vida. A nuestro mundo es necesario proclamar con fuerza que Jesús es la esperanza de su Iglesia, a pesar de sus errores y de las persecuciones. Siempre es posible seguir adelante. Nuestro mundo clama y anhela, incluso sin ser consciente de ello, de personas convencidas y coherentes con su esperanza y sus convicciones. El mundo actual en lo cotidiano y en las grandes empresas sigue necesitando de Jesús y de sus discípulos animados por una gran esperanza. El que se haya sacado a Dios de las escuelas y las instituciones públicas, no ha dado ningún buen resultado, y la violencia y otras muchas maldades (especialmente de la juventud) es tan solo un grito de la necesidad de Dios, de necesidad de esperanza.

“Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor” (Mt 24: 42). Es una invitación clara a iniciar o a continuar nuestro caminar en la fe, a tomar muy en serio el “hoy” de Dios. A no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. El futuro llegará, y si nos encuentran con nuestras lámparas de la fe encendidas ¡benditos de nosotros! porque conseguiremos la salvación, es decir la esperanza se hará realidad. La tensa espera de algo importante aviva la vigilancia. Pero es necesario descubrir que la vuelta del Hijo del hombre es la respuesta definitiva a los anhelos de la humanidad. Así también es necesario anunciar al mundo que Jesús es el único que da sentido a la existencia humana.

Que Dios nos conceda ser pilares de esperanza para aquellos hermanos que la han perdido o que nunca la han tenido ¡Que seamos testigos de esperanza!

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