EL SALVADOR NOS HA NACIDO

IV DOMINGO DE ADVIENTO

EL SALVADOR NOS HA NACIDO

Por Nuestro Párroco, el P. Carmelo Jiménez

Estamos celebrando el cuarto domingo de Adviento. Lo cual significa que la Navidad es muy próxima y es el tiempo de reflexión en a quien vamos a recibir. Todos lo decimos con voz alta, que celebramos el nacimiento de Jesucristo nuestro salvador. Pero la noche del nacimiento y el día de Navidad, el gran olvidado es Jesucristo.

Pero al llegar a estas fechas decembrinas viene a mi mente el acontecimiento de Acteal, Chiapas, donde fui párroco. El 22 de diciembre de 1997 (este año es el 18vo. Aniversario) paramilitares llegaron a la pequeña capilla donde los hermanos y hermanas, niños y niñas hacían una jornada de ayuno y oración por la situación de opresión e injusticia que sufrían las comunidades, así también, pidiendo paz y cese de la violencia que vivían.

Los paramilitares mataron 45 hermanos: 16 de ellos eran niños, niñas y adolescentes, 20 mujeres y 9 hombres. De las 20 mujeres 7 de ellas estaban embarazadas. Los paramilitares usaron armas de fuego, machetes, cuchillos y palos para hacer tal barbaridad. A tan solo 200 metros por dos lados habían puesto de Control Militar y sobre la carretera, estaban varias patrullas de la policía estatal y ellos dicen no haber escuchado nada. Los cuerpos fueron llevados a la morgue y devueltos el 24 de diciembre, y la gran pregunta ¿Cómo celebrar la navidad con alegría y gozo? Los 45 hermanos y hermanas están sepultados juntos y sobre su tumba se ha construido una capilla y aprovechando el terreno tan accidentado, sobre la capilla otra iglesia abierta, desde donde año con año se conmemora aquella barbaridad pidiendo a Dios la resurrección de aquellos hermanos.

Mi reflexión estará basada en el Evangelio que leemos este domingo, pero tomando en cuenta el contexto del Evangelio de San Lucas. Este fragmento, dentro de los múltiples aspectos que podemos encontrar en estos tres himnos, escojo uno que aparece en los tres himnos y pienso que es el principal: que Jesús es –como su nombre indica– el Salvador. “Nos ha suscitado un poderoso Salvador…”, dice Zacarías (Lc 1: 69). “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador” canta María (Lc 1: 46-47). Finalmente, el anciano Simeón entona agradecido: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, pues mis ojos han visto tu salvación” (Lc 2: 29-30). ¿Realmente Jesús es el Salvador, como se dice en estos himnos? Ningún cristiano lo ha puesto en duda en los veinte siglos de historia cristiana.

Para la Navidad los hispanos le damos un beso al niño Dios como signo de amor y adoración. Un sacerdote americano, cuando vio ese signo hizo la siguiente reflexión: eso es exactamente el Viernes Santo: no podemos entender un niño Dios sino se une a la Cruz y resurrección, que es igual a salvación. Y no podemos entender la Cruz y resurrección sin el nacimiento.

La mejor Navidad para aquellos hermanos nuestros de Acteal, fue esa, porque su esperanza daba fruto y podían contemplar al Salvador. En medio del dolor esos hermanos y hermanas celebraban el nacimiento, no solamente de Cristo, sino también de sus hermanos y hermanas, niños y niñas, ancianos y ancianas que llegaban a la gloria de la resurrección.

Nuestra Navidad debe ser hoy: renovar nuestra fe y esperanza en la salvación eterna. Nuestro mejor regalo que podemos dar a Jesucristo debe ser vivir la misericordia y la caridad. Que recibamos en cada uno de nosotros el amor y la alegría, porque un niño viene a salvarnos. Amen

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